semana santa 2015

 

Tu cruz, Señor, adoramos,

tu resurrección cantamos:

Que vino por el madero,

la alegría al mundo entero.

 

Esta es la cruz del Señor

y de su sangre está teñida.

Si en la cruz está el dolor,

en la cruz está el amor,

en la cruz está la vida.

 

Hermano, abraza tu cruz;

en ella hallarás consuelo;

y sigue en pos de Jesús,

que Él es tu guía y tu luz

por el camino del cielo.

(rezado por la hermandad de la Vera-Cruz de Jerez, antes de iniciar su estación de penitencia de 2015)

 

ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO

Jerez, jueves antes de semana santa. Traslado a su paso del Santísimo Cristo de la Esperanza, titular de la hermandad de la Santa Vera – Cruz, vinculada a los marianistas. Transcribo el artículo que publicó en el Diario de Jerez un testigo de aquel acto. Podemos sentirnos orgullosos los marianistas:


“Los que no frecuentamos el uso de las publicaciones diarias para expresar opiniones, puntos de vista o pequeñas historias, que evocan algunas de las particularidades que ocurren en la cotidianidad, en muy pocas ocasiones nos sentimos con el ánimo necesario para dejar atrás esa forma de ser disuasoria de la expresión pública; sin embargo, cuando esto ocurre, es decir, cuando somos sorprendidos extraordinariamente por algún fenómeno de nuestro alrededor, nos vemos en la necesidad de buscar los medios al alcance para manifestar ese sentimiento ocasionado en la atenta contemplación de aquél.

Esto mismo me ocurrió el pasado jueves en la histórica iglesia de San Juan de los Caballeros. Allí la hermandad de la Vera-Cruz había organizado en prodigiosa simbiosis de culto, fe y piedad el que, sin duda, será para mí el momento más sobrecogedor y emocionante de toda la Cuaresma de este año. No hubo bandas, ni cornetas, ni mucho menos tambores, tampoco hubo capataces, ni molías, ni costales… Esta cita sólo se compuso de absoluto recogimiento, sacra belleza y noble sencillez. No conoce Jerez muchos momentos de este tipo a lo largo de su ciclo litúrgico; por esta razón, aunque, como es natural desgraciadamente, algunos de los asistentes no comprendieran -su actitud los delataba- lo que estaba ocurriendo, fuimos muchos los que supimos valorar el buen hacer y el esfuerzo de esta cofradía, que continúa elevándonos, como casi sólo ella sabe hacer, en el camino del encuentro personal con Cristo. A tenor de lo que hoy podemos contemplar en nuestra ciudad, parece que ni tan siquiera se tratase de una ceremonia del más puro estilo cofrade. No, aquello resultó ser algo mucho más elevado de lo que nos tienen acostumbrados nuestras hermandades.

La magnífica interpretación del Stabat Mater de Pergolesi, a cargo del grupo de cámara San Pablo, el sermón del P. Fr. Xavier Catalá Sellès, O.P. -Crisóstomo podríamos añadirle-, o el pausado solemne y devoto traslado del Santísimo Cristo de la Esperanza a su paso fueron los mejores elementos integrantes de un momento de meditación que supo, por la gran maestría que demostró la cofradía de la Vera-Cruz en su organización, adentrarnos como nunca antes se había hecho en la más inminente Semana Santa, que estamos estrenando.

Son actos como este los que le reconcilian a uno con un mundo cofrade cada vez más vulgarizado y paganizado. La autenticidad de la cultura cofradiera no se basa en la estética y en la apariencia, sino en una vida de fe que, además de hacer trascender la existencia personal, esté dispuesta a crear belleza sirviéndose de los elementos que son propios del fenómeno asociativo laical, que de forma tan singular se vive en Andalucía. El próximo Jueves Santo, a poco de terminar los Divinos Oficios, podremos seguir degustando las primicias celestes cuando contemplemos el discurrir de la hermandad de la Vera-Cruz en su estación de penitencia. Quizás tenga entonces razón Dostoyevski cuando afirmó, como si ya conociera la capacidad creativa de nuestras cofradías, que «la belleza salvará al mundo».”