Encuentro de los laicos marianistas de Jerez. 28 de noviembre de 2015.

 

“Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo”, “arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.

Aprendiendo como niños de la película de Walt Disney, entramos a considerar el año santo de la Misericordia que en este Adviento comienza, convocado por el papa abridor de ventanas. Qué deciros del bálsamo de la oración primera, cantando por Taizé las “misericordias Domini”. O cómo transmitiros lo hondo de esas peticiones-compromisos, pequeñas pero valientes, ante la imponente promesa de nuestro Dios?

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Los cristianos creemos en un Dios misericordioso, junto a judíos y musulmanes (Alá el clemente, el compasivo, el misericordioso). Creencia equivale a experiencia. Cuando a un judío se le pregunta quién es Dios, contesta con el Deuteronomio: “mi padre era un arameo errante…”, es decir, cuenta su propia experiencia, su propia historia con Dios presente en ella.

Jesús lleva en las entrañas esa experiencia, y la transmite. ¿Ejemplos? Ese “yo tampoco te condeno” a la mujer adúltera. O la parábola del buen samaritano, que siente compasión, se acerca, venda las heridas, lleva al caído a la posada…

Nuestra reiterada infidelidad y su eterna fidelidad marca la relación criatura – creador, y nos lleva a pedir Perdón a aquel que está eternamente dispuesto a abrazarnos, curarnos, y hacer fiesta por nuestra curación. Precisamente en el marco de la misericordia el Papa pretende que recuperemos este sacramento.

Tras la Asamblea veo mucho mejor el papel central de la misericordia, y por qué el Papa llama la atención sobre ella. Es el evangelio puro, la buena noticia en la que creemos y hemos empeñado nuestra vida de laicos marianistas: Dios con nosotros por su eterna misericordia…

Feliz Adviento. Que el Señor caldee nuestro corazón.

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