Hace unos pocos fines de semana tuvimos Ejercicios Espirituales en la casa de la Inmaculada, privilegiado balcón a la Bahía. Todo un referente en la vida de muchos de nosotros. Esta casa nos ha visto crecer y madurar, aquí se han rezado decisiones importantes, se han fraguado vocaciones, se han cogido fuerzas para llevar mil cruces, se han enderezado rumbos…

¿Puede no apetecer un fin de semana en sus atrios? Difícilmente.

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En esta ocasión nos esperaba un tridente de lujo: Carmen Márquez y Javier Nicolay como responsables de la elaboración de los materiales, y Nacho Sánchez Galán de predicador en solitario. La cosa prometía, como el título de los ejercicios y sus etapas: Adondequiera que vayas, Ven y Sígueme, Fijos los ojos en Jesús, Estrenar un nombre nuevo, con María para llevar a Cristo al mundo…

Si pudiéramos hacer un símil con el toreo, la lidia resultó redonda. Cumpliendo los tiempos y etapas que mandan los cánones, se fue cuajando una magnífica tanda.

Se nos invitó a tratar de volver al Jesús primero, restaurando y limpiando todo lo añadido a lo largo de estos 2000 años. Nos ayudó a ello acercarnos a Él de una forma genial: de la mano de un anciano Juan, que recordaba todo lo vivido con Jesús al final de sus días. También seguimos al vehemente Pedro, capaz de lo mejor y de lo peor. Sus lágrimas tras el canto del gallo aquella madrugada nos acompañaron en la celebración del perdón.

De todo lo bueno ofrecido, me quedo con un texto inolvidable y sorprendente de Dolores Aleixandre, poniendo en boca del Señor un reproche a gente como yo: “has descuidado la alegría y todo lo que tiene de gozoso el seguimiento de tu Señor. Repites sus bienaventuranzas como un programa y no como una buena noticia; no te atreves a creer que pueda ser verdad la felicidad que él promete: nacer de nuevo, perder el miedo… Has dejado que los valores de la acción y el trabajo primen sobre los de la fiesta o las relaciones humanas.

Te aconsejo que sueltes de vez en cuando el ordenador (o el móvil) y que te acerques sin temor a aquellos escenarios que el hombre y la mujer actuales declaran significativos: el cuerpo, el deseo, la amistad, la estética, el ocio, la fiesta, la finitud”. Y sigue diciendo: “Recuerda que aquel a quien sigues realizó su primer signo en medio del ambiente festivo de una boda, y habló del Reino como de la invitación a un banquete. Fíate de los caminos extraños que, según el evangelio, dan acceso a la felicidad (…).

Al vencedor, yo le daré a beber el vino de bodas de mi banquete, y le daré una piedrecita blanca que lleve grabado el secreto de una “alegría disidente” y con la que se puede jugar al juego de mi Reino: un juego en el que gana el que pierde y en el que encuentra un tesoro el que se queda sin nada”.

Una auténtica joya. Inevitablemente, busqué en la orilla de la playa una piedrecita blanca, y me la traje a casa. Ojalá el Señor nos encuentre merecedores de su premio prometido.

Bendita familia marianista, que hace posible vivir cosas así…